El uso y optimización de las energías
renovables como el sol y el viento, pueden llegar a ser la solución para las
comunidades que habitan en zonas aisladas, problemas como el acceso a la
energía eléctrica y al agua potable son muy comunes en Colombia.
UN OASIS EN EL DESIERTO
Lucía
Martínez
Abrir espacio en esta estrecha e
improvisada trocha para otro vehículo a veces provoca que el campero se incline
tanto que parece que se va a volcar, el viaje es en un pequeño campero de doble
tracción, por lo que sus ocupantes creen que están exentos de tener un percance;
aunque cada vez que se inclina un poco todos se agarran fuerte de donde pueden.
Por esta vía y bajo este extenuante calor es
usual encontrar rebaños de chivos comiendo las pocas hierbas que da un desierto
como el de la Guajira, de vez en cuando los ocupantes sudorosos del campero se cruzan
en la angosta vía con indígenas que pasan en burro o en moto y a los cuales
parece que el calor no los afecta.
Mientras los viajeros en el campero sufren
las inclemencias del calor, los transeúntes con que se cruzan, indígenas en su
mayoría, miran a sus ocupantes mojados por el sudor, se miran entre ellos,
comentan y se ríen.
Usualmente la gente foránea va a Laguna
grande a ver los flamencos rosados, Laguna Grande es un asentamiento indígena
wayuu que alberga a 125 personas aproximadamente, se encuentra ubicado al sur
occidente de Riohacha a 35 escasos kilómetros, por la vía a Santa Martha.
35 km parecen muy poco; pero en Colombia
puede llegar a ser una hazaña, un ejemplo claro y conocido por muchos es la
carretera que del Cocuy conduce a Bucaramanga, vía Malaga; en temporada de
lluvias, con un campero y mucha paciencia, puedes demorar de 8 a 10 horas y
solo son 205 km. Esto para una vía que un día en tiempos pasados estuvo
pavimentada y hoy está olvidada y en pésimas condiciones.
Retomando, cuando se llega al corregimiento
de Perico (a 23km de Riohacha) se debe tomar una trocha que se forma en
temporada seca, con unos paisajes de ensueño, en donde los autos pueden quedar
atrapados en sus arenas y en temporada de lluvia la salina convierte la misma
arena en lodazales en los que patinan los vehículos.
No hay avisos, cuando se viaja por las
carreteras de Colombia, se mejora mucho la comunicación; esto debido a que a
los sitios se llega preguntando y la mejor información es la que brindan los
habitantes de las zonas.
Al preguntar te dan indicaciones como: gire
en el próximo árbol a la derecha y cuando encuentre el cactus debe tomar en tal
o cual dirección, encontrar dos caminos y no poder decidir cuál y al volver a
preguntar ver la sonrisa en los ojos de sus habitantes, como pensando que brutos, si es tan obvio.
A veces se corre con mejor suerte y al
preguntar alguien dice yo voy para allá, tú piensas bueno vamos, y cuando te
bajas para abrir la puerta se suben, gallinas, bultos y unas cuantas personas
entre adultos y niños.
David, es un canadiense que vive por
temporadas en Bogotá, debido a su trabajo. La primera vez que David fue a
Laguna Grande iba acompañado de una amiga, en plan turístico a ver flamencos
rosados, encontraron en Perico a dos mujeres wayuu y cuando preguntaron cómo
tomar la vía a la laguna ellas dijeron que si las llevaban les mostraban el
camino, fue un encuentro enriquecedor para todos.
Al llegar a la Laguna las mujeres sacaron
unas sillas de la escuela y se las ofrecieron, David dijo que no que querían ir
a ver los flamencos, pero ellas insistieron tanto que tuvieron que aceptar. La
espera duro 15 minutos en los cuales las mujeres no pronunciaron palabra.
Las mujeres wayuu en principio no son muy
conversadoras con las personas que no conocen, a las preguntas responden, si,
no, espere, etc., es un poco frustrante; pero después cuando ya tienen
confianza son muy charladoras.
Al rato llego un indígena alto, atractivo,
con una dentadura perfecta y muy conversador, se presento como Chendo, y dijo
ser el líder de la comunidad, pregunto cuál era el interés de la visita y
cuando supo las intenciones los llevo a conocer la Laguna Grande, en la
excursión se fueron uniendo otros indígenas.
Dicen sus habitantes que cuando la Laguna
Grande está llena y se abre para recibir las aguas del mar, con sus camarones y
sus peces; puede llegar a albergar alrededor de 10.000 flamencos. El potencial
de la Laguna alcanza para los indígenas, los flamencos y pescadores que vienen
de diferentes partes del Caribe colombiano, a la subienda del camarón.
La segunda vez que David pasó por Laguna
Grande ya no fue por los flamencos; el hombre ya estaba más interesado en la
gente y además muy asombrado de la forma tan básica cómo viven estas
comunidades indígenas en zonas muy aisladas y donde los recursos del gobierno
parecen no “poder llegar”.
Quería hacer preguntas e indagar en cuáles
eran sus necesidades, su líder Chendo le dijo que ellos no reciben ningún tipo
de regalías, esto aunque es real, es
difícil de creer, ya que la Guajira es uno de los departamentos que reciben más
regalías debido a la extracción de recursos naturales como el carbón y el gas
natural.
Es una historia de años conocida en todo el
país. Las necesidades de las comunidades solo en las ciudades son enormes,
imaginar las necesidades de las comunidades rurales y más si son aisladas es
mucho más crudo, como dicen los extranjeros Colombia debía llamarse Macondo.
En fin algunos integrantes de la comunidad les
dijeron que ellos solo cuentan con el territorio y con el mar, todas sus
necesidades básicas están insatisfechas y no esperan mejorar su calidad de vida
en estos tiempos. El hombre insistió en las preguntas y tres de ellos,
pescadores de profesión y de vida los llevaron a conocer toda la comunidad.
Les mostraron primero sus casas,
construcciones de madera impermeabilizadas con barro en el mejor de los casos;
en algunos meses los vientos son tan fuertes en esta zona de la Guajira que los
maderos quedan desnudos y no se pueden cubrir de barro en temporadas secas, es
casi un circulo vicioso, los indígenas esperan las lluvias para tener barro,
esperan a que las lluvias amainen un poco y embarran sus casas; pero no siempre
es así ya que es una zona muy dada a las sequias.
Les mostraron sus dos jagüeyes uno muy
pequeño y seco, el segundo con mucha capacidad pero con poca agua, en donde los
indígenas se bañan, lavan sus enseres y ropas, cargan agua para su consumo
diario y donde además los chivos también beben y se bañan.
Un jagüey es un depósito artesanal que se
surte de agua dulce en temporadas de lluvia, al estar almacenada el agua
durante tanto tiempo y debido al uso que se hace de ella, estos depósitos de
agua adquieren bacterias y otros organismos que contaminan el agua no cumpliendo
con las normas de agua potable que exige la OMS.
Después de esto hombres y mujeres dijeron
que aunque no tienen nada, lo más importante para ellos seria tener agua
potable; en épocas de sequia por ser una comunidad que vive en una zona aislada
los usuales carrotanques de agua de la Guajira llegan uno cada mes, teniendo
suerte.
Al Salir de allí, el hombre ya en Bogotá
empezó a indagar respecto a soluciones energéticas utilizando para ello
recursos naturales como el sol o el viento, La guajira tiene estos dos
componentes, por lo tanto la solución ya dependía de la parte económica.
Busco empresas que ofrecieran plantas
desalinizadoras y potabilizadoras de agua, pero aunque el uso de los paneles
solares lleva un tiempo en Colombia; aun no es rentable debido a que se
considera que las hidroeléctricas son energías limpias.
La mayoría de las plantas desalinizadoras
de agua en la Guajira trabajan mediante generadores que utilizan combustibles las
cuales emiten gases contaminantes. Indagando encontró dos plantas que trabajan
con energía solar en Boca de Camarones, en las inmediaciones del Parque nacional
Santuario de flora y fauna los Flamencos. Laguna Grande se encuentra dentro de
esta misma zona de influencia.
Solicito cotizaciones, creó una fundación,
envió correspondencia a empresas del sector energético, en las que presentaba la
fundación y el proyecto solicitando donaciones.
Volvió a Laguna Grande con su equipo de
trabajo y les comentaron sus intenciones; ellos por su parte, la comunidad,
escribieron una carta para la fundación en donde solicitaban todo el apoyo que pudieran
darles. Comenzaron a estructurar el proyecto con la participación de la
comunidad, mediante reuniones, charlas y participando en sus actividades
cotidianas.
En total se reunieron con la comunidad de
Laguna Grande 5 veces, mientras buscaban fondos para el proyecto; el hombre al
darse cuenta que el proceso es tan lento, tomo la decisión de realizar una
donación que cubría la compra de la maquina desalinizadora y potabilizadora de
agua, la instalación y una lámpara solar de largo alcance para cada vivienda de
la comunidad.
La comunidad fue muy receptiva y bajo la
supervisión de la firma de ingenieros contratados, aportaron su mano de obra en
la construcción del sitio para la maquina, la excavación del pozo de captación
y la adecuación del sitio de distribución final de agua.
El trabajo que realizaron ayudo a la
apropiación de la comunidad con el proyecto y a elaborar un plan de compromisos
en donde ellos mismos se comprometieron a hacer el mantenimiento de la planta y
a preservar el medio ambiente mediante el uso de electrodomésticos que operen con
energía solar.
De igual forma adquirieron un compromiso
entre ellos de recoger y acopiar el plástico tirado por décadas en sus playas.
Las comunidades que habitan La Guajira conviven todos los días con carreteras,
pueblos, comunidades en donde el plástico desechado esta en todos los
escenarios, muy pocos sitios se escapan de él.
El lunes 20 de octubre del año en curso fue
la última vez que David y los miembros de su fundación visitaron a la comunidad
de Laguna Grande, ese día por primera vez Chendo, su líder, abrió el grifo para
llenar 50 pimpinas de agua potable que abastecerá a sus 25 familias
diariamente.